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verano

Ola de calor

Cambios

Pronto la niña caminará y saldremos al parque a jugar con las fuentes de agua que activan durante el verano. La luz del sol cada vez es más alta. Los árboles reverdecen y pequeñas flores rompen la nieve. Creo que me he acostumbrado al silencio de los días. La desconexión general ha sido muy agradable. La soledad es tranquila. Cada vez valoro más mi tranquilidad. P., nuestra única amiga en la ciudad, fue despedida de su trabajo como superintendente/administradora del edificio y por ende expulsada del apartamento donde había vivido por ocho años. Le dieron siete días para irse. Lleva una semana viviendo en la casa de su hermana. El domingo nos vimos para desayunar.

Supervivencia

Veo el brillo de la luna entre las ramas del árbol que cubre el balcón y también oigo al viento agitar sus hojas con desgano. No culpo al viento: con este calor a duras penas salgo a la calle. Ni pienso. Ni escribo. Sudo. No me da el cuerpo para más. Si acaso duermo para que pase el día y deje de estar solo otra vez. Por las noches, bajo el ventilador, leo capítulos al azar de un libro de crónicas sobre una peste apocalíptica que promete exterminar al noventa y cinco por ciento de la especie humana en las primeras tres semanas. Pienso en lo que haré si sobrevivo. No estoy seguro de querer sobrevivir a algo así.

Miércoles (Excusas)

El frío requiere abrigo. El calor requiere adaptación.

Miércoles

Compramos rosales para sembrar en el balcón. Queremos sillas para sentarnos a recibir el sol los fines de semana. Por estos días, el tiempo se acumula como la nieve en las esquinas del invierno. Dedico una fracción del día a mantener el apartamento limpio y en orden. Cocino por las tardes. He reducido un poco (aunque no tanto como desearía) mi presencia en línea. El objetivo principal es escribir. Pero sufro de falta de propósito (o de autoconfianza) y asaltos regulares de ansiedad relacionados con este mal. Intento sublimarlos de manera parcial en la cocina, la lectura, los oficios y con los gatos. Estoy triste. Pienso mucho en Mauricio y en la muerte. Por eso, para evadir eso, para no pensar de más, escribo aquí sobre la guerra, los bombardeos, el miedo y las emisoras de emergencia donde anuncian el fin y entrevistan cuerpos que no hablan. Asímismo voy todos los días, muy temprano, a mirar a las gallinas, abastecer los comederos y recolectar los huevos. Los pongo en una canasta y los cuento al llegar a la cocina. Luego los meto a la nevera. Hoy pusieron diez. Tenemos muchos más de los que necesitamos.