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Perversión

En la versión cinematográfica de Serial el programa genera una presión social inmensa para que se reabra el caso de Adnan Sayed, la gente simpatiza con el muchacho, el caso se reabre y Sayed sale libre pues se demuestra, como sugiere el programa, que no hay pruebas concluyentes en su contra. El programa, por supuesto, es considerado un hito del periodismo investigativo responsable y activo y recibe todos los premios. Una vez libre, sin embargo, Sayed busca a Sarah Koenig, la creadora del programa, y la mata. Después se entrega voluntariamente a la policía.

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Antier por accidente empecé a leer un ensayo que en su párrafo introductorio revelaba sin pudor el giro central en Gone Girl, la novela de Gillian Flynn que Fincher acaba de adaptar como película (sale en octubre). El giro que sugerían (no lo busquen, seguro que es mejor si no lo saben) me llamó la atención así que ayer la leí. Empieza lento intercalando crimen y dramedia romántica en medio de la Amérika post-apocalíptica que dejó la crisis económica pero por ahí a las cien páginas se larga a soltar jugo al ritmo justo para no liberar toda la sustancia de un golpe y al tiempo sostenerlo a uno en la cama con la lengua afuera saboreando cada gota. A partir de ahí es una fiesta de la manipulación ácida: una lucha entre dos testimonios por la confianza en las palabras y las acciones de otros, o sea una novela de amor: sobre lo que significa, implica y requiere el amor como compromiso. Aunque nunca deja de ser una novela ligera y rápida, en medio de los reveses propone dudas generales sobre la realidad del amor empacado, plástico, que las personas ansiosamente intentan imitar para parecer adaptadas, para que no se note tanto que están insatisfechas con sus vidas no importa lo que hagan y para compensar por todas las soledades que se autoimponen con el propósito triunfar y encontrar la felicidad (o al menos aparentarla). Supongo que en el fondo la trama es inverosímil (todo es demasiado perfecto, demasiado inteligente, demasiado medido, demasiado demasiado) pero el salto de fe inicial que se requiere para disfrutarla, para dejarse intrigar y llevarle la cuerda a las versiones desencontradas, no es particularmente difícil de lograr y además paga bien, sin remordimientos.

Un ejemplo: el asesinato de Tori Stafford

El ocho de abril de 2009, Michael Rafferty (28 años) y Terri-Lynne McClintic (18 años) secuestraron, violaron y asesinaron a Victoria Stafford. Victoria Stafford tenía ocho años. Vivía en Woodstock, Ontario. Un video de una cámara de seguridad inculpa a McClintic: aparece acompañando de la mano a Stafford en la última imagen disponible de la niña con vida. McClintic se declaró culpable de todos los cargos e indicó a la policía dónde se encontraba el cuerpo. Tras confesar, fue condenada a cadena perpetua. Rafferty asegura que es inocente.

Cuando lo encontraron, el cuerpo de la niña estaba desnudo de la cintura para abajo. Hay señales de violación. Los golpes que recibió antes de ser ultimada a martillazos en la cabeza dejaron lasceraciones en el hígado y varias costillas rotas.

Ayer McClintic testificó en el juicio contra Rafferty. Su versión es la siguiente: Rafferty ordenó a McClintic secuestrar a una niña. Esperaron por la oportunidad a la salida del colegio. Stafford fue elegida porque estaba sola. La llevaron en el carro a una zona deshabitada cerca de Mount Forrest, Ontario, donde Rafferty procedió a violar a Stafford en la silla trasera. Cuando terminó, dejó el carro. McClintic buscó a la niña, la sacó del carro y le pidió perdón. La niña le rogó que no permitiera que él lo hiciera de nuevo. McClintic le dijo que era una niña muy fuerte. Rafferty regresó y le arrebató a la niña. La niña no quería soltar la mano a McClintic, pero McClintic sabía lo que iba a pasar y no quería presenciarlo, así que se alejó. Los gritos de la niña aparentemente revivieron memorias de su infancia (no entró en detalles) y estos recuerdos la motivaron a regresar al carro, empuñar un martillo y acabar con la vida de Victoria Stafford.

Los periódicos describen lo anterior como rabia reprimida debida a traumas de infancia. También se refieren con regularidad a McClintic y Rafferty como la pareja de drogadictos.

La culpa es siempre de sus historias. La narrativa diluye la responsabilidad.