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vida real

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El domingo llamó un estafador que ya ha llamado otras veces haciéndose pasar por un pariente de Mónica que vive en Estados Unidos. Lleva un acento venezolano o panameño, tal vez, con palabrejas en varios registros por si las moscas. La estafa es transparente (“¿Quién crees que te puede estar llamando, tío?”) pero pareciera que hay gente que cae. La primera vez le seguimos el juego un rato largo dando vueltas hasta que se aburrió. La segunda vez lo mandé a comer mierda a las tres frases. Parece que no son lo suficientemente sistemáticos como para llevar un registro de a quién han llamado y a quién no. El domingo resolví improvisar una estrategia distinta: fingí alegría de oirlo, le dije que me sorprendía cómo le había cambiado el acento y apenas me dio oportunidad me solté en una historia dramática de niña enferma en el hospital y nosotros ya entregados a la voluntad de Dios (creo que dije “El Altísimo”). Le dije que le agradecía la llamada y la preocupación. Le dije que sabíamos que él estaba pendiente. Aunque se notaba incómodo me respondió que él también estaba elevando las oraciones al cielo por la niña y que lo aliviaba saber que todo había salido bien. Le dije que todavía faltaba la operación grande y que había muchos riesgos pero nosotros no perdíamos la esperanza. Le agradecí de nuevo la llamada y le dije que debíamos salir para el hospital. Se despidió acongojado y deseándome mucha fuerza. Le respondí que la necesitaríamos y le mandé un abrazo.

La próxima vez le voy a hacer una parecida pero al final, antes de colgar, le voy a decir que si él o alguno de sus amigos vuelven a llamar los voy a matar a todos.

Susto en la playa

(Mar de Coveñas, Redacción Nacional.) Una ceremonia de protección mística de rutina del reputado pistoloco cordobés Anunciación Valencia, de treinta y un años de edad, terminó en tragedia luego de que el chamán zenú a cargo conjurara por accidente a siete entidades extraplanares de motivos y afiliación cosmogónica por determinar.

El diverso catálogo de actividades del exclusivo balneario Mediterrané De Lux Segunda Etapa, donde Valencia pasaba un fin de semana de negocios y placer con su Famiglia, no incluía entre sus atracciones programadas para ayer el ataque sorpresivo de bestias antediluvianas iridiscentes de trece metros de altura dotadas de incontables apéndices prensiles dentados con visible preferencia por la carne humana ligeramente rostizada.

Una de las criaturas estaba preñada.

Por desgracia, los videos y fotografías del asalto disponibles en línea sólo capturan una fracción menor del horror reinante ayer en las bellísimas instalaciones de este complejo hotelero y casino de última generación, punta de lanza del emporio turístico del magnate y filantropófago payanés Raúl Acevedo.

Don Raúl, en la clandestinidad desde hace un lustro debido a sus incomprendidas tendencias gastronómicas, lamentó el ataque y elevó una plegaria sentida a La Deidad Árbol para que acoja en sus ramas ubicuas la esencia nutritiva de los caídos.

Asimismo, expresó su confianza en que el portal siga abierto y el incidente atraiga una ola nutrida de turismo paranormal. “Mugre que no mata engorda”, puntualizó.

De acuerdo a las autoridades, se estima que trescientas cincuenta y tres personas, mayoritariamente turistas del interior del país, fueron devoradas durante el episodio. Quinientas setenta y dos más resultaron heridas. Un porcentaje significativo presenta quemaduras de tercero y cuarto grado. Las pérdidas, cercanas a los seis mil millones de dólares, han sido categorizadas por parte del equipo financiero a cargo del emporio Acevedo como despreciables en comparación con el impacto publicitario.

Tras veintitrés minutos exactos de carnicería inmisericorde, las entidades regresaron satisfechas y sin rencor alguno a su plano existencial natural.

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Al cierre de esta edición se desconoce aún la suerte de Valencia y su cuadrilla. La nación, conmovida hasta las lágrimas con la noticia, se dejó sentir de inmediato a través de las redes sociales y, mediante la etiqueta #ValenciaForEver, convoca en la capital a una marcha conmemorativa de la vida y obra de este hijo predilecto del municipio de Purísima, doctor honoris causa de la Universidad Nacional, y reconocido a nivel mundial por su habilidad con el changón y la sensibilidad estética particular de las happening-masacres que ejecutó en diversos rincones del país durante las últimas dos décadas.

La senadora doctora Astrid Trujillo, vocera y líder espiritual de la Brigada Popular por la Reconciliación Humanitaria, aseguró que la obra de Valencia “será recordada por su valentía conceptual y su compromiso con la pacificación nacional mediante el uso legítimo de la violencia selectiva de acuerdo a la convención de Ginebra”.

La Cofradía de Canalizadores Energéticos Indígenas Independientes, por su parte, indicó en un comunicado que el incidente se debió al uso no autorizado de un protocolo experimental de protección (preventivamente incautado por agentes del Ministerio de Defensa) que pretendía renovar el blindaje de Valencia por cinco años más. El método tradicional certificado, basado en un sahumerio de semillas secas de almendra e hinojo maceradas en sangre fresca de hicotea, garantiza apenas un año de aseguranza.

En horas de la tarde, tras un breve acto religioso presidido por el párroco de la localidad, las piscinas y amplias playas privadas del complejo fueron bendecidas, desinfectadas y abiertas de nuevo al público, para delicia de los veraneantes.

Larry

El fantasma del parqueadero es amigable. Abre las puertas y se asegura de que todos lleven puesto el cinturón de seguridad. A veces se sienta justo detrás de mí y me pregunta intrigado para dónde vamos pero al final nunca va. Conoce mi nombre. Sabe cosas sobre mi vida. Se preocupa por nosotros. No sale en las fotos, pero aparece sólido en el espejo retrovisor. Es un señor viejo de papada amplia con camisa de cuadros y tirantas. Luce emocionado, como si hace mucho tiempo no saliera de su casa. Lleva una gorra de los Blue Jays y le faltan varios dientes. Una vez le pregunté a dónde le gustaría ir y me dijo que quería volver pero no supo decirme a dónde. La superintendente dice que era el marido de una antigua inquilina del edificio que se fue hace un par de años a vivir con sus hijas en Toronto. Murió en su cama, de viejo. Llegó muy joven a Canadá proveniente de Escocia. En London trabajaba como contador y mecanógrafo. Todo lo que sabía lo aprendió en cursos por correspondencia. Tenía un problema en el brazo que le impedía manejar. Adoraba los trenes, igual que yo. Vivió en nuestro apartamento treinta y seis años. Se llamaba Larry. Últimamente duerme en la sala, con los gatos, y hace té para todos cada mañana sin falta. Luego se baña largo en la ducha y canta. Todavía no sé adónde va por las mañanas.