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Madurez

Resultó ser un orzuelo, aflicción común que no había sufrido desde la adolescencia. Se cura con pañitos de agua tibia, literalmente. Una enfermedad juvenil indigna de alguien en el nivel de madurez espiritual y psicomotriz que certifican las nuevas canas en mi barba. Estas son más centradas y vistosas que la primera que tuve y hace tres meses perdí tras una afeitada desafortunada. Dos canas, oficialmente. Aunque podrían ser tres o incluso cuatro si entrecierro los ojos lo suficiente y le meto convicción. Por favor entiendan: la iluminación en estos tiempos cínicos y descreídos pende de las apariencias no importa la sabiduría. No estoy desesperado, pero si la vaina no mejora por sí sola en unos meses tendré que recurrir (no sin algo de vergüenza) al agua oxigenada.

Calabaza

El lunes festivo duró poco y engendró una infección en el ojo derecho así que mañana por la tarde debo ir a mi médica a que me revise e impida que pierda mi preciado ojo. La casa está más limpia después de la limpiada de ayer pero el lavaplatos de nuevo está a reventar. Supongo que después del médico vendré a la casa a resolver eso. Había algo más sobre lo que quería escribir, no sé qué sería. Se refundió. Hace poco terminamos de ver la primera temporada de Defenders en Netflix. No ofrece mayor cosa, aunque me gusta la asociación de superhéroes reacios, casi que involuntarios. Cada vez el armatoste cinemático de Marvel se siente más endeble. Por el lado bueno, M. hizo una tarta de calabaza que quedó apenas. Me la como despacio para que la felicidad dure y, bueno, porque la dieta continúa.

Intermediario

Y bueno, otra semana que se va por el hueco sin nada meritorio para cosechar. No me quejo porque nunca ha sido mi propósito ser un segador de iluminaciones. A duras penas arrisco con lo que me corresponde y de vez en cuando incluso eso se me sale de las manos así sea poco porque supongo que no es tanto un problema de fuerza sino de destreza. No que sea fuerte tampoco, por si hace falta aclararlo. Esta semana la cocina estuvo relativamente limpia y mi nuevo intento de hacer dieta prosiguió sin contratiempos. Poco contacto social fuera del trabajo. A veces no me hace falta y a veces sí. Recientemente no tanto. Prefiero estar en la casa con M. y la niña, jugar y conversar. Los domingos paso la mañana con L. en el parque mientras M. trabaja. Por las noches leemos Momo. Apenas estamos comenzando. Intento también leer cada día unas cuantas páginas de la antología de Borges que sacó la real academia de la lengua. Contiene el ensayo sobre Swedenborg que tanto me impresionó de muchacho. Después de leerlo le conté a mi tía Ángela y ella me advirtió que con Borges nunca se sabía si lo que decía era real o no (creo que ese libro de ensayos Borges Oral fue lo primero que leía de él), así que busqué en la enciclopedia británica herencia de mi abuelo qué encontraba y ahí estaba la entrada sobre el místico alemán. A partir de ahí, en muchas de las bibliotecas por las que he pasado busco libros de Swedenborg y los ojeo no sé bien buscando qué. En la biblioteca de la Universidad Nacional, por ejemplo, había un volumen (solo uno, aunque eran varios) de sus viajes por el inframundo que era un obsequio (aclarado en una nota a mano) de unos seguidores de su doctrina radicados en Chile o Bolivia. Lo malo es que son unos libros aburridísimos. Menos mal que un viejo argentino ciego los leyó por todos nosotros.

Vacío

Me preguntó mi supervisor en el trabajo que cuáles eran mis objetivos de desarrollo personal y profesional dentro de la empresa. Algo para definir criterios de evaluación. Le intenté explicar que yo poco pensaba en esos términos. Que las carreras no eran algo que me preocupara y que lo que me importaba, sobre todo, estar en un lugar a gusto y entretenido. Ojalá con suficiente libertad de maniobra. De resto, que si quiero manejar equipos más grandes o tomar decisiones a niveles superiores o tener más responsabilidades, pues no sé. Lo voy mirando a medida que se dé. En últimas él sabe que yo termino trabajando de cualquier forma mucho más de lo que debería, o por lo menos cubriendo asuntos que en realidad no me corresponden, solo porque siento que me afectan y sufro desde siempre de horror vacui existencial. Esa, ahora que lo pienso, es posiblemente la virtud (si se le puede llamar virtud a eso) que me hace más o menos valioso dentro de empresas pequeñas todavía en proceso de invención.

Conservado

1.

Hoy sábado transmito desde el conservatorio, donde la niña tiene clase de piano a las nueve y media de la mañana con una señora nacida en Ucrania antes de que todo lo que damos por obvio fuera concebible y emigrada a Canadá ya más mayor vía Chile, por donde su familia pasó pero tuvo que salir, de nuevo, huyendo. Ahora vive en London, Ontario, y viene los fines de semana a la ciudad a dictar clases. Una expatriada en el sentido estricto de la palabra, no como esos niños gringos que se van a Europa a montar guetos falsos alrededor de bares anglofílicos donde puedan sentir falsas nostalgias por algo que jamás han perdido.

Es una buena cafetería esta y supongo que entre semana, sin el tumulto, puede ser todavía mejor. Sirven el café con leche en vasos gigantes de vidrio de Ikea y tienen unos croasanes con jamón y queso que entran lo más de bien a esta hora (aunque como ando de dieta debo abstenerme). Si alguna vez me dedico a la independencia laboral este podría ser uno de mis despachos ocasionales junto a la biblioteca central en Yonge y Bloor y tal vez un par de cafeterías de Leslieville.

Aunque en realidad tengo pocas ganas de independencia. Los equipos de trabajo me divierten. Soy un ronin gregario.

2.

Me contaron que llegó una amenaza de matanza a un colegio cerca de la casa, el que nos correspondería por zona. Naturalmente, todo el mundo en el barrio quedó muy asustado porque se supone que esas cosas no pasan acá: son de esa gente del sur. Total es que duraron dos días en estado de alarma y creo que hasta tuvieron un día de receso preventivo y otro con el colegio acordonado por policías. Finalmente ayer las noticias reportaron que fue arrestado un sospechoso. No aclararon, eso sí, cómo estaba relacionado con la amenaza. Ayer también llegó otra amenaza por carta a otro colegio cercano, esta vez al occidente de la casa. Algún bromista de mal gusto detrás, me imagino. Ojalá que lo agarren pronto.

3.

Mañana andan en Catalunya de referendo independentista. Algunos amigos allá están preocupados. Es una situación complicada. Mucho menos clara de lo que la hacen parecer muchos comentaristas y además pésimamente manejada por los políticos mezquinos enfrentados en el trasfondo. La manipulación cunde. Ojalá que no termine en desastre. Parece que muchos quisieran eso para ser validados. Guillem Martínez ha escrito una serie de artículos diarios sobre el procés para Contexto y Acción que son de lo más afilado que he leído al respecto. Aquí el de ayer.

Recursos

En el cuarto piso del edificio donde se encuentra mi oficina, cuando se abre el ascensor, se ve una puerta cerrada con una placa que dice The McQuaig Institute. Llevo seis meses intrigado, imaginando qué harán ahí, sin atreverme a revisar lo que Google pueda decirme; postergando la decepción. Finalmente a principios de esta semana, en medio de un sueño, resolví buscar qué encontraba y terminé en una página web que permitía recorrer de pies a cabeza un cadáver humano abierto con la cara pixelada, en lo que parecería una autopsia bastante minuciosa en alta definición. Flotando sobre la imagen aparecían etiquetas que identificaban órganos acompañados de una descripción de su propósito y un precio. La crudeza era desconcertante. Ni en mis teorías más enloquecidas se me había pasado por la cabeza que pudiera ser un sitio de tráfico de órganos (mis sospechas más recientes apuntaban hacia una escuela de espionaje o detectivismo, cosas así). Y bueno, lo cierto es que cuando me desperté la memoria del sueño como sueño se había esfumado pero el recuerdo del sitio del instituto, aunque confuso, persistía allá al fondo en el pre-consciente, como parte de uno de esos recorridos cibernéticos sonambulescos de cierre de un día pesado en los que pierdo totalmente el rumbo, el buen gusto y la perspectiva. Así es como por ahí el miércoles, cuando de camino al trabajo se abrió el ascensor en el cuarto piso, pensé en lo perturbado que me había dejado la visita al sitio y en el descaro absoluto que tenían de promocionarse sin filtro ni dark web que los protegiera, así que me senté en mi escritorio con el propósito de revisitarlo, estudiar sus servicios con más cuidado, y entender cómo carajos se blindaban legalmente. Ahí fue cuando descubrí que en realidad era una empresa gris de recursos humanos con pésimos comentarios en Glassdoor.

«Pues no muy lejos del sueño», anota Mónica aquí a mi lado.

Simple

Como siempre después de un rato de silencio no queda sino recurrir a la alternativa del reporte aunque en este caso no haya en realidad nada para reportar más allá de las declaraciones generales de bienestar y satisfacción dentro de los rangos apropiados, sin excederse. Por fuera de eso las dos semanas en España ayudaron no solo a descansar sino de cierta forma a poner la vida canadiense en perspectiva pues aún sin querer resulta fácil pasear por Barcelona y preguntarse qué habría sido de nosotros de haber persistido en una vida en ese lugar. Y aunque la ciudad sigue albergando a muchas de las personas que más queremos, también se siente esencialmente ajena y cada vez más excluyente. Creo que hay muy pocos universos contrafactuales en los que estaríamos tan establecidos allá como lo estamos (dentro de nuestros parámetros) acá. La semana que termina he asistido a varias películas del festival. El cine revitaliza e ilumina.

Cinco

Ayer Laia cumplió cinco años. Hicimos una fiesta con sus amigos en la academia de circo del barrio. Allá corrieron, saltaron, se mecieron en trapecios y organizaron una batalla campal de sables hechos con globos. Después fuimos al parque a jugar en las fuentes de agua y finalmente cerramos la tarde en la casa de unos amigos comiendo hamburguesas. Día largo. Laia estaba feliz.

Pequeña

La vida es cada vez más pequeña, más concentrada en un núcleo reducido de rutinas, con poca variación y pocas sorpresas. Esto es parcialmente intencional: un psiquiatra me recomendó acolchonarme a punta de estructuras así que en esas estoy. No me aburro, que es lo importante. Sigo bajo de lecturas (pocas cosas me llaman la atención) pero bastante entregado al trabajo más que todo porque me entretiene. Es una fuente fácil de satisfacción y distracción.

Sol

Ando inapetente de lectoescrituras tal vez por culpa de la calor, que llegó con fuerza hace pocos días tras un mes de lances tímidos. Queda apenas un mes para el quinto cumpleaños de Laia, quien anda de buen paladar y entusiasmada con las letras. Hoy le pedí que me escribiera SOL, le di un par de pistas, y volvió con SOL en un papel. Quiero ver cuánto aprende sin ajustarla dentro de un método, a punta de puro interés propio (y exposición). A esta edad aprenden más rápido de lo que asimilan que aprendieron y muchas veces el verdadero problema es cómo inculcarles la seguridad que necesitan para sentir que saben lo que todavía no saben que saben. En el trabajo hoy cumplí tres meses, o sea que ya estoy por fuera del período de prueba, sea lo que sea que eso signifique. El ambiente sigue siendo entretenido y agradable; aprendo vainas cada día. Por las noches leemos con Laia el primer volumen de His Dark Materials de Philip Pullman. El oso la maravilla e intriga tanto como a mí cuando lo leí por allá hace veinte años, recién traducido al español. Hace un par de semanas compramos pasajes para visitar Barcelona a final de agosto. Espero aprovisionarme de libros largos en español que resistan al menos dos años de lecturas para antes de dormir.

Breve

Pequeña entrada que sirva de prueba de supervivencia. Hoy cumplo dos meses en el nuevo trabajo. Sigo contento y entusiasmado, cada vez más cómodo con las herramientas y con una visión más clara de los problemas. Me divierto, que es lo importante. Laia crece todos los días. A esta edad son puro aprendizaje. Es milagroso.

Trabajo

Estoy contento con mi nuevo trabajo. El cambio fue una buena decisión. Ya lo sospechaba pero no cae mal una corroboración empírica. Durante estas primeras semanas trabajé en un pequeño proyecto para refinar un sistema de recomendaciones que ya está en revisión y ahora estoy trasteando el flujo que sostiene el sistema de recomendaciones básico a una extensión interna de luigi adaptada a la infraestructura de la empresa. Por lo pronto me gustan el ambiente y los problemas. Las personas con las que colaboro a diario son amigables y dedicadas. Saben lo que hacen y saben explicarlo. Todo el mundo se siente muy comprometido. Las reuniones son escasas y rabiosamente al punto. Estoy entusiasmado con los proyectos que vienen y la empresa tiene el balance de desorden y madurez técnica en el que me siento a gusto. Que el viaje a la casa tome veinte minutos menos es ya de arranque un gran beneficio, pero resultó no ser el único.

Estado

No sé qué hago en la vida. No sé para dónde voy. No sé qué quiero. No sé cuándo estaré donde debo estar ni cuál es el lugar que me corresponde. Evado las certezas. Evado compromisos. Evado lo que siento y acepto lo que recibo. Me esfuerzo por no cultivar expectativas. No pretendo ser nada más que lo que soy. No tengo aspiraciones ni propósitos. Me permito respirar. Aprecio el cariño que me entregan. Quiero a quienes me permiten querer. Soy una presencia vaga, apenas perceptible, que atiende con paciencia y procura mantener una distancia que garantice seguridad y confianza. Tengo todo lo que necesito. Tengo, de hecho, mucho más de lo que necesito.

Compáñeme

Hay una forma de satisfacción particular que proviene de cerrar un día intenso en compañía de la hija. Me gusta rendirme ocasionalmente a su voluntad y permitirle que decida horas enteras de actividades (“Compáñeme, compáñeme, así bailando así”, me dice cantando). Pero por momentos también me alejo y solo la dejo ser: la miro e intento imaginar qué piensa, cómo ve el mundo, en qué enfoca su atención, y siempre me sorprende cuando al cabo de un rato de distancia me mira, se sonríe y vuelvo a ser su amigo viejo que siempre pierde en todos los juegos que se inventa. Me pregunto si cuando desde los cuarenta recuerde su infancia pensará en estos días que pasamos juntos dando vueltas por la ciudad.

Clausuras

Renuncié a mi trabajo. Estuve ahí por dos años y tres meses. Fue una buena escuela donde fui tratado muy bien en general y, para mi sorpresa. bastante valorado. Me deja, además, un grupo de buenos amigos que espero poder seguir cultivando aunque dejemos de vernos con tanta frecuencia. A principios de marzo empezaré a trabajar armando modelos en un contexto bien distinto, más cercano a las aplicaciones más comunes del aprendizaje estadístico. A ver cómo me va con esos nuevos retos.