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Suspiros

Lo que más me gusta de vivir es quedarme dormido junto a Laia sintiéndola dormir.

Ganas

Nunca he tenido muchas ganas de vivir.

Mejor

Estoy bien. La vida va bien. La vida es tranquila. Tengo todo lo que necesito. Sé que no es así para todos. Eso me angustia. Comparto lo que tengo. Atiendo a quienes confían en mí. Me permito (aunque mi voluntad se resista) a ser vulnerable también. Quiero y dejo que me quieran aunque haya miedos. Acompaño y cuido. Participo en la vida. Presencio. Entrego. Procuro no explotar. Cada año es más pequeño. El tiempo me distancia de lo que creí ser. Siento alivio en esa lejanía involuntaria, en esa desmemoria. No estaba tan solo. Nada era tan importante. Poco entiendo. Tengo más de lo que necesito. Siempre ha sido así. No sé por qué necesito. Vivo en la esquina rica y segura de un mundo confundido y ansioso. Quiero ser más para otros y menos para mí. Así hasta no ser nada.

Refugios

Me refugio en distancias, amistades y espacios. Lo hago para protegerme pero también para proteger. O al menos así lo planteo tal vez para reducir la culpa de sentirme mezquino por evadir el mundo. También me refugio en el lenguaje. Desde las palabras impongo límites y posiciones donde me siento seguro, donde no expongo/proyecto sino lo esencial (o así lo creo) y de paso demarco formalmente las regiones donde puedo estar cómodo, con una ruta de escape a la mano que me lleve tan pronto como sea necesario a mi guarida. Cuando me alejo demasiado de mis seguridades o siento que las pierdo sucumbo sin pudor al pánico.

257-267

Once días sin escribir motivo saturación de la vida. Del festival de cine me quedo con Arrival, Colossal y I Am the Pretty Thing That Lives in the House. Arrival, en particular, me tocó hondo. Mientras hacía fila para las películas leí The Big Short de Michael Lewis: divertido, triste y aterrador. En general la maratón de películas me dejó satisfecho. Muy probablemente la vuelva a hacer el próximo año. Durante el último mes he estado calmado y contento. El trabajo va bien y la vida todavía mejor. Laia empezó clases de música (una hora) y piano (media hora) en el conservatorio hace dos semanas. El curso de piano requiere piano en casa así que resolvimos invertir y comprar uno, con la esperanza de que Laia se entusiasme y nosotros también lo usemos para aprender. Hoy a mediodía llegó en un camión. Tal vez el próximo año organice mi horario para tomar al menos una lección a domicilio a la semana. Por lo pronto practicaré escalas.

252-253

Más o menos así vamos, a pasos cortos, con calma. No hay urgencias o son imaginarias: productos de prioridades trastocadas. La consigna es entregarse a la vida y recibir con aprecio lo que conceda.

231

Contra todo pronóstico cumplimos once años de casados. Nos pegamos una borrachera feliz. Estos últimos años han sido provechosos. Mudarnos a Toronto fue una muy buena decisión. Ayer alguien nos preguntó si esta ciudad era nuestro último destino. Esto es casa, respondimos al unísono. De aquí no nos vamos.

210

Hoy tuve una conversación que me hizo caer en cuenta de un cambio esencial de perspectiva en mi vida que creo que ha tenido consecuencias inmensas. Antes de la muerte de Mauricio yo quería ser alguien y después de su muerte mi propósito ha sido, descrito burdamente, no ser nadie. Casi todas mis aspiraciones grandes se desvanecieron y fueron reemplazadas por una especie de desinterés no del todo negativo por cualquier cosa que implique ascenso; ante la muerte, mi respuesta primero angustiosa y después firme ha sido volcarme a presenciar y apreciar la vida con tranquilidad. Eso ha marcado de forma profunda, y para bien, los vínculos que he creado desde entonces.

206

Sábado lento entre siestas, lecturas, hamaca y calor. Uno de esos días en los que la acumulación de duermevelas hace que se pierda totalmente la orientación temporal. Cada momento se siente largo y desconectado del resto. A media tardé asé un par de pedazos de sobrebarriga al carbón. Aunque ya lo había hecho antes, esta vez no me gustó cómo quedó. Ando en conflicto con la carne, más de lo habitual, y tal vez de ahí, más que del resultado, proviene mi juicio. Laia, después de varias sesiones de llanto gratuito, hizo siesta de cinco y media a siete y media de la tarde así que aunque son las diez y media todavía anda por ahí dedicada al arte primitivista. Dentro de poco tendremos que intervenir. Me tienta ponerla a dormir y salir a tomarme una cerveza en un bar, pero la pereza de vestirme es más fuerte.

201

El domingo pasé un rato largo en la hamaca primero leyendo y después tomando una siesta. Desperté agradecido con el universo por ese invento tan maravilloso. Tengo que aprovechar más el balcón.

135

Por otro lado no sé bien para qué uso Strava. Supongo que es por curiosidad. O tal vez para convencerme de que estoy haciendo el ejercicio que me corresponde. O sea que no estoy abandonándome al sedentarismo decadente. Aunque mi apariencia y vida cotidiana digan todo lo contrario. Es un compromiso con el futuro, podría decirse. Que no se diga que no puse de mi parte.

115

Mi abuela decía “Así la vida es un soplo” cuando se burlaba de que yo llegara a siestiar a la casa después de las clases por la mañana en la universidad. Y efectivamente la vida es un soplo. No se equivocaba.

100

Sin confusión para qué vivir.

59

Salimos al supermercado esta mañana después de hacer oficio, casi al mediodía. Compré pescado fresco para hacerlo guisado como le gustaba a mi abuela. Lo acompañamos con yuca y crema agria. Fue una caminata bajo un sol inusitadamente tibio, más de abril que de febrero. Laia nos acompañaba en su patineta; ya le perdió el miedo. En un punto de la caminata, en la mitad de un suspiro, sentí todo al tiempo, sentí el momento, podría decirse, y pensé en la suerte que tengo de estar con ellas, de vivir la vida buena que hemos armado y seguiremos armando, de la tranquilidad que disfrutamos. Somos afortunados.

55

Volví a cumplir años. Cada vez se siente menos y se nota más. Esta semana la dolencia era en un pie. Duré tres días cojeando. También tengo la sinusitis, pero esa ya la asumo más como estilo de vida (o tribu urbana) que condición física. Me regalaron de cumpleaños un bolso que hace mucho quería tener. Lo estrené bajo nieve y lluvia con mucho éxito. Ahora necesito un computador que quepa y le haga juego. La vida es un constante antojo de cosas que me duele inmensamente comprar. No tengo el arrojo natural del consumidor de raza.