Rango Finito

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violencia

Revolver

Ayer Arturo, que anda con mucho tiempo para pensar, me decía algo sobre los problemas de la libertad. Tenía que ver con los dilemas modernos de encontrar un lugar que se adapte a lo que uno siente que es (o tal vez a lo que uno siente que merece ser). Ese rango de opciones es por supuesto falso, o por lo menos no tan real como la filosofía voluntariosa inspiracional promete. A la larga estamos sometidos a circunstancias que están fuera de nuestro control y esas circunstancias deciden más o menos arbitrariamente qué será de nosotros. Por fortuna el cerebro reactualiza con frecuencia las aspiraciones para que cada tanto tengamos momentos de satisfacción que compensen por toda la mierda adicional. De pronto el valor de la vida consciente está en sostener la ilusión útil de que las decisiones que tomamos nos determinan. Quién sabe cuánto progreso cultural le debamos a esa creencia.

En Revolver, de Matt Kindt, el protagonista habita intermitentemente dos realidades. En una de las dos la civilización está al borde del colapso: cuerpos llueven sobre las calles de Chicago. En la otra, la vida del protagonista se deshace a diario en su rutina estereotípica del trabajo de oficina sin sentido que sirve para satisfacer hábitos de consumo que se confunden ocasionalmente con necesidades (es inevitable). En la realidad apocalíptica los límites morales son atenuados por la urgencia de sobrevivir y esto le permite acceder a aspectos de su personalidad que en la realidad más real (?) deben ser reprimidos para garantizar colectivamente la estabilidad del orden social. Ambas realidades son versiones extremas (?) a una vida dada por perdida. Pero su simultaneidad progresiva es una trampa cómoda ya que anula la necesidad de compromisos con la identidad y los principios. En la relatividad explícita del multiverso nada importa. Los sacrificios no tienen valor. La responsabilidad es un sinsentido. Estar vivo es lo mismo que estar muerto.

Los santos anónimos

Aparentemente, en Puerto Berrío, Antioquia, pescan muertos sin nombre en el río Magdalena, los entierran, adoptan y veneran, como intermediarios con el más allá:

El folclore por el muerto comienza después de ese trabajo. Dice Mesa que a menudo ni siquiera ha llegado al camposanto con su camioneta cuando ya le asaltan los devotos de las almas desconocidas: “Don Francisco, ¿Es un N.N?”, le preguntan. Con esas siglas marca él el nicho de los desconocidos que sepulta. Es entonces cuando la gente llega para cambiar el destino de ese difunto en siglas: “Escogido”, dibujan en la piedra los vivos que quieren adoptar al fenecido recién llegado. “Y desde entonces esa alma ya tiene un dueño”, dice Mesa. “O dos, porque hay casi el doble de adoptantes que de N.N., no quedan para todos”, apunta.

Nostalgia de la luz

Nostalgia de la luz — Patricio Guzmán

La columna de hoy está dedicada a Nostalgia de la luz, un documental de Patricio Guzmán que vimos aquí en la casa hace una semana. El documental utiliza el desierto de Atacama como lienzo para explorar las formas y técnicas de las que disponemos para mirar (o no) el pasado (tanto científica como políticamente). Guzmán sugiere paralelos entre los proyectos inmensos de investigación en astronomía y arqueología que se desarrollan en el desierto y exploraciones más personales por parte de víctimas de la dictadura de Pinochet (que usó el desierto como torturadero y cementerio clandestino). Aquí complemento la columna/reseña con unas cuantas notas informativas:

  1. Aunque en la columna digo que ALMA (ojo a la calidad de esa página web y a su esfuerzo por explicar con claridad lo que hacen y por qué importa) inicia operaciones a final de 2012, ya funciona parcialmente y hace un año soltó las primeras imágenes. Pensaba explicar aquí por qué ALMA es sustancialmente mejor que, por ejemplo, el Hubble, pero creo que todavía no lo entiendo bien. De pronto Jaime puede ayudarnos con eso en los comentarios o en El gran pum (que sea un motivo para retomar el blog). De paso, el Gaspar que menciono en la reseña (y que es uno de los polos argumentales del documental) es Gaspar Galaz.
  2. Las ruinas del campo de concentración que visita Guzmán están ubicadas en la vieja mina de salitre (i.e., nitrato de sodio) de Chacabuco. El desierto de Atacama está repleto de minas de salitre abandonadas. Guzmán lo menciona pero no explica por qué. La historia resumida es que a finales del siglo diecinueve el desierto de Atacama era el mayor proveedor mundial de la materia prima para hacer fertilizantes en tiempos de paz (ese imposible empírico) y, más importante, pólvora en tiempos de guerra. La mayoría de estas minas eran administradas por compañías inglesas, lo que le daba a Inglaterra una ventaja económica (y estratégica) notable. Los alemanes eran conscientes del riesgo de depender de unas minas inglesas en Chile para asegurar la alimentación de su pueblo (y sus fusiles) e impulsaron un programa de investigación para encontrar formas de producir fertilizantes (y de taquito pólvora) que no los obligara a recurrir al salitre. El resultado de ese programa es el llamado proceso de (Fritz) Haber (con premio Nobel de química asociado), que utiliza la atmósfera (llena de nitrógeno libre) como mina para producir amoniaco (i.e., nitrógeno fijado en hidrógeno) de una forma eficiente y barata. Este amoniaco servía para sustituir el salitre (del amoniaco al nitrato hay sólo un paso) y adicionalmente sentenciaba a muerte a la economía chilena (dependiente de sus minas de repente caducas). La primera implementación a escala industrial del proceso de Haber, sin embargo, no fue para producir fertilizantes sino explosivos durante la primera guerra mundial. Esto convirtió a Haber en un héroe controversial que combatió el hambre con éxito pero también industrializó la matanza. Radiolab le dedicó un reportaje a la historia del señor Haber y esa complicada dualidad.
  3. La Violeta que menciono en la reseña se llama Violeta Berrío. Berrío hace parte de las mujeres de Calama. Su marido se llamaba Mario Argüelles Toro y era un comerciante afiliado al Partido Socialista. Argüelles tenía 34 años cuando fue detenido por el ejército en septiembre de 1973, justo después del golpe de estado. Berrío lo vio con vida por última vez el 13 de octubre. Se suponía que había sido condenado, junto a otros detenidos, a tres años de “relegación al sur”. Sin embargo, el 19 de octubre fue fusilado y enterrado en una de las tantas fosas comunes que tenían en el desierto. A finales de los ochenta, para limpiar los rastros de la barbarie, el ejército chileno (semi)removió los cuerpos de ese lugar (nunca aclarado). Se desconoce adónde fueron transladados. Algunos conjeturan que fueron arrojados al mar pero no es claro. En este artículo, Berrío cuenta a detalle cómo fue la desaparición de Argüelles. Uno de los detalles más escalofríantes de la historia de Berrío y sus compañeras es que hay muchas personas afiliadas al ejército chileno que con toda seguridad conocen hoy en día el paradero de esos cuerpos pero nadie dice nada.
  4. Y un juego para terminar: la página de Wikipedia en inglés dedicada al desierto de Atacama incluye una cita en inglés que supuestamente proviene de La Araucana:

    Towards Ataca, near the deserted coast, you see a land without men, where there is not a bird, not a beast, nor a tree, nor any vegetation.

    El juego consiste en encontrar su versión en español, si existe. O demostrar que no existe y, armado con ese argumento, limpiar Wikipedia de esa imprecisión.

Hay otros mundos

Sociología del diseño de bombas nucleares ¶ Los niños y las violencias en barrios pobres de Buenos Aires ¶ Lo obvio: el negocio de las “redes sociales” consiste en generar adicciónAgenda del proceso de paz (pdf) entre el gobierno colombiano y los FARC ¶ La muerte anestesiada de Olivia Goldsmith (a raíz de la lectura de Half Empty (a raíz de la muerte de su autor)) ¶ Análisis de los resultados de las elecciones en Quebec ¶ Siempre es bueno volver al Diccionario de ObviedadesAsalto a la reserva canadiense de miel de arce ¶ Y ésta es la verdadera batalla naval.

Cloud Atlas en cine. Escalofríos.

The Raid: Redemption

Dos aproximaciones críticas al cine de pelea: en la primera, idealista, conservadora, los combates, aunque centrales, deben ser enmarcados dentro de una historia medianamente cuidada, donde los personajes evidencien humanidad y motivaciones íntimas más allá de la supervivencia primaria. Roger Ebert, en su crítica, adscribe esta perspectiva y, por ende, The Raid: Redemption lo decepciona. Es una buena reseña.

La aproximación cínica, por su parte, reconoce con cierto alivio que la naturaleza del cine de pelea se opone a la construcción de personajes y narrativas (el fracaso recurrente de proyectos que pretenden mezclar homogeneamente ambos aspectos es evidente) y, en consecuencia, su prioridad debe ser maximizar sin compasión el número de hostias por minuto, como dirían en la España. Esta escuela propugna el aprecio por la coreografía de la violencia en sí misma, sin amagos de historia que la desplacen, y por tanto aplaude The Raid: Redemption como cumbre indudable del género incluso si su desprecio absoluto por la narrativa a veces se confunde con desprecio por el espectador, a quien no ofrece el más mínimo vínculo emocional que sostenga su atención, como si fuera un personaje más para matar.

Susto en la playa

(Mar de Coveñas, Redacción Nacional.) Una ceremonia de protección mística de rutina del reputado pistoloco cordobés Anunciación Valencia, de treinta y un años de edad, terminó en tragedia luego de que el chamán zenú a cargo conjurara por accidente a siete entidades extraplanares de motivos y afiliación cosmogónica por determinar.

El diverso catálogo de actividades del exclusivo balneario Mediterrané De Lux Segunda Etapa, donde Valencia pasaba un fin de semana de negocios y placer con su Famiglia, no incluía entre sus atracciones programadas para ayer el ataque sorpresivo de bestias antediluvianas iridiscentes de trece metros de altura dotadas de incontables apéndices prensiles dentados con visible preferencia por la carne humana ligeramente rostizada.

Una de las criaturas estaba preñada.

Por desgracia, los videos y fotografías del asalto disponibles en línea sólo capturan una fracción menor del horror reinante ayer en las bellísimas instalaciones de este complejo hotelero y casino de última generación, punta de lanza del emporio turístico del magnate y filantropófago payanés Raúl Acevedo.

Don Raúl, en la clandestinidad desde hace un lustro debido a sus incomprendidas tendencias gastronómicas, lamentó el ataque y elevó una plegaria sentida a La Deidad Árbol para que acoja en sus ramas ubicuas la esencia nutritiva de los caídos.

Asimismo, expresó su confianza en que el portal siga abierto y el incidente atraiga una ola nutrida de turismo paranormal. “Mugre que no mata engorda”, puntualizó.

De acuerdo a las autoridades, se estima que trescientas cincuenta y tres personas, mayoritariamente turistas del interior del país, fueron devoradas durante el episodio. Quinientas setenta y dos más resultaron heridas. Un porcentaje significativo presenta quemaduras de tercero y cuarto grado. Las pérdidas, cercanas a los seis mil millones de dólares, han sido categorizadas por parte del equipo financiero a cargo del emporio Acevedo como despreciables en comparación con el impacto publicitario.

Tras veintitrés minutos exactos de carnicería inmisericorde, las entidades regresaron satisfechas y sin rencor alguno a su plano existencial natural.

Boy Magazine Monster Bem 1

Al cierre de esta edición se desconoce aún la suerte de Valencia y su cuadrilla. La nación, conmovida hasta las lágrimas con la noticia, se dejó sentir de inmediato a través de las redes sociales y, mediante la etiqueta #ValenciaForEver, convoca en la capital a una marcha conmemorativa de la vida y obra de este hijo predilecto del municipio de Purísima, doctor honoris causa de la Universidad Nacional, y reconocido a nivel mundial por su habilidad con el changón y la sensibilidad estética particular de las happening-masacres que ejecutó en diversos rincones del país durante las últimas dos décadas.

La senadora doctora Astrid Trujillo, vocera y líder espiritual de la Brigada Popular por la Reconciliación Humanitaria, aseguró que la obra de Valencia “será recordada por su valentía conceptual y su compromiso con la pacificación nacional mediante el uso legítimo de la violencia selectiva de acuerdo a la convención de Ginebra”.

La Cofradía de Canalizadores Energéticos Indígenas Independientes, por su parte, indicó en un comunicado que el incidente se debió al uso no autorizado de un protocolo experimental de protección (preventivamente incautado por agentes del Ministerio de Defensa) que pretendía renovar el blindaje de Valencia por cinco años más. El método tradicional certificado, basado en un sahumerio de semillas secas de almendra e hinojo maceradas en sangre fresca de hicotea, garantiza apenas un año de aseguranza.

En horas de la tarde, tras un breve acto religioso presidido por el párroco de la localidad, las piscinas y amplias playas privadas del complejo fueron bendecidas, desinfectadas y abiertas de nuevo al público, para delicia de los veraneantes.

Trabalenguas

Decimos que todos somos quien no somos para no ser quienes somos cuando no somos quien no somos. En realidad nunca podríamos ser quien no somos y ni siquiera queremos serlo. Apenas decimos que lo somos para negar las fosas (de seguridad, de privilegio, de comodidad, de rango) que previenen que quien no somos pueda ser quien somos. Necesitamos a esos que no somos para seguir siendo plenamente quienes somos. Sólo así podemos seguir dividiendo el mundo entre los nosotros y los (pobres, oprimidos, humillados, explotados, masacrados) otros que por fortuna no somos todos.

Contra todos

Aumento del poder destructivo de artefactos explosivos durante el siglo veinte.

Los autores de atentados terroristas usualmente los reivindican pues con ellos demuestran su capacidad de amedrentamiento. En Colombia no es así. Optan en lo posible por el silencio. Les conviene más. La guerra colombiana es un negocio donde todos los bandos se declaran, a su manera, justicieros del lado del pueblo (que oprimen y matan) y de la paz. Admitir que asesinaron a cinco personas aumenta la credibilidad política del oponente y reduce la propia: debilita su fachada heroica. Promover la confusión es preferible. Lo que importa es sostener la guerra activa en todos sus frentes. El juego de acusaciones subsiguiente es útil a los asesinos pues genera polarización, desconfianza y agresividad. Recrudece el enfrentamiento político en las ciudades. Radicaliza las posiciones. Explica la matanza en el monte. El mensaje de la explosión es abierto pero al mismo tiempo llega a quien debe llegar: cada cual lo interpreta a su conveniencia y cualquier interpretación es válida en tanto que no hay cómo refutarla. La amenaza es más efectiva y amplia cuando no se sabe de dónde proviene. Una amenaza sin firma es una amenaza contra todos.

Dungeon Quest

Dungeon Quest - Joe Daly
…and at the end of the day, isn’t the force behind the creation of this universe responsible for all the shit that goes down… all the actions and re-actions? Isn’t that thing we awkwardly describe as “God” really to blame for all this?” — Joe Daly, Dungeon Quest

Nadie entiende mi ansia de aventura ni mi disposición para el peligro, la poesía y el erotismo. Soy un héroe. Mejor aún: soy el arquetipo del héroe. Mi misión: la aventura. Mi pasión: la aventura. Mi motivación: la experiencia y la gloria, cuidadosamente cuantificadas e itemizadas para distribución adecuada en cada uno de mis siete atributos excepcionales. No tengo miedo: el azar me prefiere. No siento dolor. Mi aseo es impecable. Me alimento del terror de mis enemigos. Vivo por la batalla y la destrucción absoluta de aquellos que obstaculizan mi destino. Mi cerebro sobrehumano es un arma mortal. No necesito dormir. Con ayuda de plantas sagradas accedo en meditación al plano astral y trasciendo los estadios primarios del ser, viajo al averno y recobro, tras diezmar a un ejército de arpías, el báculo del Poligrifo. No siento odio. Soy compasión. Mi naturaleza me hace inmune a la maldad. Encuentro calma en la práctica del arte hermética consignada en grimorios y tratados arcanos protegidos por creaturas abominables. Los siete artefactos ígneos marcan mi viaje por tierras lejanas hacia la conjuración de la armadura florida del gólem. No soy ambicioso, sólo quiero el oro y la verdad, los cuales comparto con generosidad y sabiduría. Quienes aceptan mi superioridad reciben mi misericordia, que es infinita. Quienes me cuestionan sufren muertes dolorosas bajo el filo de mis uñas. Bebo su sangre. Sacrifico a sus hijos y violo a sus mujeres con mi miembro descomunal. Profano las tumbas de sus antepasados. Los hago pagar su atrevimiento. Quiero que entiendan que el respeto es el único camino posible en este mundo lleno de sufrimiento y mierda. Mi brutalidad es legendaria. Conozco mi propósito: es el poder que yace en la virtud. He leído el libro. Sé lo que me espera. Soy paciente y humilde. Me avergüenzan los himnos fastuosos que celebran mis victorias. No son mías, les digo, sirvo a la voluntad infalible de La Divinidad. Acepto sus designios como si fueran propios. Permito que actúe a través de mi cuerpo privilegiado y agradecido por sus dones. No soy alguien extraordinario, sólo he sido iluminado.

Drive

Supe de una mujer quería demandar al director de Drive por publicidad engañosa. Según la mujer, el tráiler de Drive ofrecía una película de acción y no cumplía. La señora tenía razón: Drive no es una película de acción. Las películas de acción no tienen tiempo para el silencio. Drive está plagada de ellos. El silencio en cine es incómodo. Afuera también, pero en el cine más. Es demasiado abierto a interpretación para ser tolerable dentro de los parámetros estrechos de lo que popularmente se identifica como comercial. Rompe la intensidad que la trama requiere para sostener la atención cautiva. Es como páginas blancas al azar en un libro. Hace poco hojeé una novela así. No entendí para que servían esas páginas. Los silencios de Drive los entiendo mejor. Hay quienes hablan más de la cuenta, sin pensar en las consecuencias. Dicen cosas que no deberían decir y luego son incapaces de asumir la responsabilidad de lo que hacen las palabras. Si se dice menos, se arriesga menos. La premisa es evadir el riesgo, minimizarlo o controlarlo. Aquel que está bajo control no necesita decir nada más que lo esencial. Su voluntad resuelta lo precede. Cuando así lo requiere, simplemente actúa.

Bloody Gosling
El género es retrominimalismo sangriento con samurai.

Lunes (Masacre)

Doce (12) hombres armados provenientes del norte llegan al pueblo a pie por la carretera principal. Son las siete y media de la noche, apenas se termina el noticiero. A la entrada de pueblo se cruza en su camino Rogelio P. (34, dos hijos, campesino. Dos impactos en la cabeza). Más adelante, a dos cuadras de la plaza, encuentran en una esquina a Juana S. y Laura A. (17 y 18 resp., estudiantes. Decapitada y estrangulada resp.). En la plaza central del pueblo, junto a la estatua de Bolivar conversan Mario J. (56, cinco hijos, tres nietos, comerciante. Tiro a quemarropa en la frente), Tatiana M. (27, maestra. Violada y descuartizada), Fabricio R. (31, tres hijos, mecánico. Colgado y sodomizado), Juan Antonio S. (39, dos hijos, sacerdote. Castrado y luego ejecutado a machete) y Polo Q. (45, un hijo, empleado del banco. Fusilado). En la tienda y miscelánea en la esquina noroccidental de la plaza, por su parte, departen Tulio I. (21, campesino y psíquico. Apuñalado), Fabio A. (24, auxiliar de enfermería. Mutilado y abalaeado), Marco Aurelio R. (12, estudiante. Quince impactos en el tórax), Yuri T. (19, dependiente y vendedor de helados. Destripado), Carolina T. (22, mesera. Violada y estrangulada) e Inés D. (45, dos hijos, comerciante. Apaleada). Nadie opone resistencia. Cada cual recibe su muerte sin lamentos ni ruegos innecesarios. Los gritos son acallados con golpes, balas y machetazos. El silencio resignado del pueblo todavía vivo presencia el espectáculo desde las casas a oscuras donde todos tiemblan. Nadie duerme. Las sombras de los doce (12) hombres recorren el pueblo toda la noche, dejan notas debajo de las puertas (que hablan sobre el ejemplo, la rectitud, la moral, los principios y el futuro de la región) y disparan contra las ventanas. A las seis se van.


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Viernes (Catalunya)

Dicen que la violencia desproporcionada es monopolio de los psicópatas. Que sólo alguien con una configuración mental defectuosa es capaz de someter a un hombre a golpes sin justificación personal concreta ni compasión por su dolor. En mi experiencia todo hombre tiene el potencial para ejercer la brutalidad. Una suma de circunstancias y condicionamiento no demasiado sofisticados son suficientes para convertir a cualquiera en un torturador despiadado desprovisto de remordimiento. Tres meses bastan. No hacen falta mayores incentivos materiales. El ejercicio del poder, que es la opresión, es con frecuencia equivalente al ejercicio de cultivar, acumular y organizar hombres que, amparados en la solidez de un espiritu gregario perverso que diluya el peso de las responsabilidades individuales y unas circunstancias propicias de impunidad local, ganen la disposición necesaria para deshumanizar, humillar, apalear y, de ser requerido, matar a otros hombres que, en la mayoría de los casos, jamás fueron una amenaza para nadie. Los psicópatas, por lo general, no son los hombres que blanden el bate o la pistola dentro del enjambre sino aquellos que, en frío, de manera calculada, dan la orden de utilizarlos a discreción.

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Martes (Medium-rare)

Vamos a Relish, que es una hamburguesería gourmet (?) cerca de la casa. Afuera llueve pero no importa. Mónica pide un perro caliente gigante (con coca-cola), yo pido una hamburguesa no demasiado complicada (con nestea) y le digo al señor que si por favor me puede hacer la hamburguesa a término medio. Este es de por sí un sacrificio para mí, pues mi término de cocción ideal es esa aberración suculenta que sólo se puede pedir en Francia y que los franceses llaman bleu (azul). En términos prácticos, bleu quiere decir cruda para casi cualquier ser humano diferente de mi persona y unos dos o tres franceses de cada cien (Funfact: luego de bleu en la escala de cocción francesa sigue saignant (lease señó), que quiere decir sangriento y que es el término más popular (este detalle permite hacerse a una idea clara de lo seriamente crudo que es el término azul). El señor, un muchacho joven de barba densa de diseño que se me parece a Andrés Burgos (persona a quien, por cierto, jamás he visto), me dice que no están autorizados a preparar carne a término medio: cierta regulación de la secretaría de salud de Ontario lo impide. Creo que había oído este rumor antes pero nunca pensé que fuera cierto. Siempre pensé que era una de esas tonterías que se inventaban los europeos pedantes para burlarse del provincialismo de los norteamericanos. Como sea, escandalizado por la respuesta que considero inaceptable saco un billete de veinticinco dólares de mi billetera, lo doblo y se lo ofrezco a Andrés Burgos. Le digo: La secretaría no tiene por qué saberlo. Me dice: Espero que usted no esté intentando sobornarme, sir. Le digo: ¡Por Dios! Nunca quise sugerir eso. Me dice: ¿Por quién me toma? Le digo: Tómelo como una propina adelantada por sus servicios. Me dice: Me ofende, señor. Le digo: No me malinterprete. Me dice: Por favor no insista. Le digo: Es apenas una compensación por sus molestias. Me dice: Creo que tendré que pedirle que deje el local. Le digo: ¿Disculpe? Me dice: No quiero llamar a la policía. Le digo: ¿¡DISCULPE!? Me dice: Cálmese. Le digo: Cálmeme esta. Me dice: Por favor no me haga daño. Le digo: Señor. Me dice: ¿Perdón? Le digo: “Por favor no me haga daño, señor.” Me dice: Por… por favor… Le digo: …tengo familia e hijos, claro. Me dice: S-sí. Le digo: Tuve un día pesado. Estoy cansado. Quiero una hamburguesa al término correcto. ¿Es tan difícil? ¿Es imposible? ¿Tanto cuesta hacerme feliz? Me dice: Nada es imposible. Le digo: Pero antes lo era. Ahora es demasiado tarde. Hoy me levanté a las cuatro. ¿Le dije que estoy cansado? Me dice: Me… me lo dijo, s-sí. Le digo: Yo sólo quería una hamburguesa, eso es lo único que quería. Tenía hambre, quería una hamburguesa. Es tarde, son casi las siete. ¿Sabe lo duro que es esto para mí? Me dice: No cometa una locura. No hay razón para llegar a esto. Le digo: ¿Conoce la mecánica de estos aparatos? Me dice: No… No, s-señor. Le digo: Son un verdadero milagro, ¿sabe? Cuénteme, ¿cuántos años tiene? Me dice: Veintiseis. Le digo: Say something that would make me fall in love with you again. Me dice: Pardon me? Le digo: Say it. Me dice: No sé qué decir. Le digo: Missed your chance. Mónica me dice, de camino a la casa, que debo reducir mi dosis de películas de violentas de las tardes. Las sirenas se acercan. Tengo hambre. Necesito bañarme.

Domingo (Tres Ataúdes Blancos)

Hablemos sobre el poder. Sobre lo que el poder hace y lo que el poder puede pero sobre todo acerca quienes ostentan el poder y cómo lo sostienen. Se me viene a la cabeza esa canción de Flaming Lips, una de mis favoritas en concierto, donde Wayne Coyne pregunta insistentemente qué haría *USTED* si tuviera el poder: ¿cómo lo usaría? ¿pensaría en los demás? ¿podría controlarlo? ¿qué haría de poder hacer todo lo que quisiera hacer? En Tres Ataúdes Blancos, de Antonio Ungar (ignoren su portada horrible), el poder (su búsqueda, su control, su ejercicio) engendra violencia, aunque podría ser al contrario porque el poder en Tres Ataúdes Blancos (como en la vida real) lo tienen aquellos que están apropiadamente armados. Es un bucle, obvio. Se arman para adquirir el poder y se arman para sostenerlo y por ende otros más se arman para arrebatarlo y puntos suspensivos. El horror. Es un horror que conocemos bien. Lo conocemos tan bien que, en su perversión cotidiana, ya no nos afecta como debería. Ya no es horror pero seguimos llamándolo así por costumbre, sin convencimiento. Todo parece tolerable o comprensible o, por lo menos, de esperarse, porque existe todo un aparato de medios e información dispuesto para orientar al espectador/ciudadano en el ejercicio de su sacro derecho/deber a comprender de la manera correcta (o conveniente) la violencia que lo rodea y, supuestamente, lo protege. Una particularidad de este aparato mediático es que está diseñado para digerir y replantear cualquier tipo de información de tal manera que sirva (se adapte) a los intereses de quienes lo controlan. Todo esto, es natural, bajo una máscara de objetividad puesta a las patadas.

<DigresiónProbablementeInnecesaria> En los primeros cursos de lógica matemática aparece la noción de valuación. Es una concepto contraintuitivo. La verdad no es una noción absoluta sino una función que asigna valores de verdad a las proposiciones atómicas (o a universos, en otros contextos) y luego, mediante álgebras, se calcula el valor de verdad de las proposiciones compuestas. Las proposiciones tautológicas son aquellas rarezas (engrandecidas por los griegos) que son verdaderas no importa la valuación. Las otras (la aplastante mayoría) pueden ser verdaderas o falsas dependiendo del valor de verdad asignado a los componentes básicos/primitivos. El propósito principal de estos aparatos mediáticos a los que me refiero arriba consiste (y aquí permítanme ser laxo en mi (ab)uso de los términos) en controlar el valor de verdad de las proposiciones atómicas (de la interpretación de los eventos) para así controlar lo que es considerado verdad. </DigresiónProbablementeInnecesaria>

Y, bueno, entonces la pregunta es qué hace el ciudadano/espectador ante eso. ¿Cómo interpreta el ciudadano/espectador su realidad si casi todos sus recursos de adquisición de información están siempre al servicio de alguien(es) que quiere(n) dominarlo? ¿Qué es la verdad para ese ciudadano/espectador que interpreta todo a través de filtros que preinterpretan lo que presencia? ¿Cómo reacciona cuando desvela o (peor) es forzado a ser partícipe del engaño? Por otro lado: ¿Qué tan común es que pase esto? Y finalmente: ¿Cuántos están dispuestos a reaccionar al abuso, a oponer resistencia, y cuántos se sumen en la resignación/impotencia?

Miércoles (Razones para destruir una ciudad)

Leí anoche Razones para destruir una ciudad, de Humberto Ballesteros. Esta novela ganó el premio Ciudad de Bogotá hace algunos años pero todavía no ha sido publicada. Le pedí a Humberto, con quien me relaciono por twitter (y que hace un tiempo publicó un cuento en HermanoCerdo), que me permitiera leerla. Razones para destruir una ciudad es la historia de la no-vida de una mujer. Durante cuarenta y tantos años esta mujer, Natalia, evade la vida sistemáticamente (con cierta razón, porque lleva una vida aburridísima) al tiempo que, en el ático de su casa, inventa, escribe y construye una ciudad imaginaria, invisible. Y supongo que lo que pasa es que, pese a su esfuerzo, la vida no-vida de esta mujer no es totalmente impermeable a la vida real de la que intenta protegerse, así que a medida que el mugre de esa vida exterior se cuela contra su voluntad en la burbuja de no-vida, de vida falsa, la ciudad imaginaria deja de ser un refugio para convertirse en una jaula donde están atrapadas no sólo ella sino las mezquindades y egoísmos que no la dejaban ver el remedo de persona en el que se había convertido. Que luego desesperada, considerando su situación, decida destruir su ciudad invisible es más que natural. Pero no me queda claro que eso resuelva nada.